Que no nos queden palabras por decir
Quiero comunicar a voz en grito, a medio mundo, que no nos queden palabras por decir, ni besos por dar. Porque acabarán desapareciendo en la nada, nos quedaremos con las ganas.
Porque al tragar los besos tienden a saber amargos y con el tiempo se añejan y nos pudre por dentro. Sin embargo, al entregarlos desaparecen o se convierten. Y por lo general las transformaciones son sabor a limón y miel, que siempre es menos amargo que la hiel.
Porque aquello que no expresemos se acaba haciendo bola en la garganta y su digestión es pesada, enfermiza y hasta mortal si nos ponemos dramáticos. Pero al lanzarlas, provocan reacción, a veces una bofetada que te marca unos días, otras abrazos infinitos.
Yo me pongo a sopesar los resultados y merece la pena, en serio, es mejor. Son más las veces que me arrepiento de callar que de hablar, y más si en ello me juego algo importante, no una carta o todo mi dinero, algo más profundo como una caricia, un silencio de ojos cristalizados, un beso o la torta que merezco. Me arriesgo y eso me hace sentir bien, tranquila y segura, sin nada enterrado, viva.
No nos guardemos nada, porque al llegar a la tumba se esfumará. No nos quedemos con las ganas. No cometamos el error de no arriesgarnos, y menos aún el de no luchar por lo que queremos.
Alza la voz o escribe con ella, con la fuerza interior, con los buenos deseos, con la ilusión de poder con todo.
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